
El abismo que creaste
La noche se puso densa, de esas donde el silencio pesa más de la cuenta y los recuerdos raspan como ramas secas. Enterarme de lo de mi madre… no sé, me dejó helado, suspendido en una especie de espacio en blanco. Es raro. Por un lado está ese lazo invisible que uno no elige tener, y por el otro, la marca clarísima de cuando me cerró la puerta en la cara, solo por ser quien soy. Me dejó a la deriva sin mirar atrás, sin preguntar si comía, si dormía, si estaba bien.
Y enterarme ahora de que su vida corre peligro, no porque me lo haya dicho ella, sino porque la noticia me llegó por el rebote de la voz de un hermano… duele en una fibra muy profunda, una que creía guardada bajo mil capas de coraza.
Es una mezcla amarga, como un frío feo en el pecho. Me llena la cabeza de preguntas que sé que no tienen respuesta. Pero no me voy a mentir: esto me afecta y no voy a pretender que soy de piedra. Sentir esta punzada no cancela todo el daño ni borra el rechazo que me hizo crecer a la fuerza; solo demuestra que, a pesar de la distancia y del abismo que ella decidió construir, no me convertí en alguien frío. Mi corazón sigue latiendo y sintiendo.
Por ahora, solo queda acurrucarme en la calma, respirar hondo y esperar a que pase la tormenta. Ya habrá tiempo de pensar qué hacer con este nudo. Paso a paso, despacio, dejando que las cosas se acomoden solas.




