Cuento

Mapachito: Amor Propio y Amistad Verdadera

Había una vez, en el corazón del Bosque de los Susurros, un pequeño mapache llamado Mapachito. A diferencia de otros mapaches, Mapachito siempre andaba con la mirada en el suelo, revisando sus manchas y pensando que su antifaz no era tan negro o que su cola no era tan esponjosa como la de los demás.

—”Si no soy un mapache perfecto, ¿cómo voy a ser un buen amigo?”— suspiraba frente al arroyo.

El Encuentro con Carcasus

Un atardecer, mientras Mapachito intentaba esconderse entre los helechos, escuchó un aleteo suave. Era Carcasus, un gran murciélago de la fruta con un pelaje color canela y alas que parecían de seda oscura. Carcasus estaba saboreando un mango maduro con mucha alegría.

—”¡Hola, Mapachito! ¿Por qué esa cara de uva pasa?”— preguntó Carcasus, colgándose de una rama.

—”Es que… no me siento especial, Carcasus. Siento que me faltan cosas. Y si no me gusto a mí mismo, siento que no tengo nada bueno que darle a los demás”— confesó el mapache.

Carcasus sonrió, mostrando sus pequeños colmillos de fruta. —”Escucha, pequeño. Yo soy un murcielago que prefiere la fruta antes que los insectos, y mis alas son diferentes a las plumas de las aves. Al principio me sentía raro, pero luego entendí que mi valor no depende de ser igual a otros. Si yo no amara mis alas, nunca me atrevería a volar para traerte estas frutas deliciosas”.

El Consejo de Lord Otaky

En ese momento, apareció trotando con mucha elegancia Lord Otaky, un pony de crines brillantes y porte noble que vivía en el claro más soleado del bosque. Lord Otaky siempre llevaba una pequeña capa y caminaba con mucha seguridad.

—”¡Saludos, jóvenes amigos!”— exclamó Lord Otaky con voz profunda. —”He escuchado su charla. Mapachito, debes entender algo que los grandes caballeros saben: el corazón es como un cofre“.

Mapachito lo miró con curiosidad. Lord Otaky continuó:

—”Si tu cofre está vacío porque te tratas mal a ti mismo, no tendrás ningún tesoro que compartir con Carcasus o conmigo. Pero si llenas ese cofre con palabras bonitas para ti, con paciencia y aceptando tus manchas, ¡el cofre se desbordará! Solo cuando te quieres a ti mismo, tienes amor de sobra para regalar a los demás”.

El Gran Descubrimiento

Mapachito se quedó pensando. Miró sus patitas hábiles, recordó lo bien que sabía trepar y lo mucho que le gustaba ayudar a limpiar el bosque.

  • Primero: Se miró en el reflejo del agua y dijo: “Soy un mapache único y mis manchas son hermosas”.
  • Segundo: Sintió un calorcito en el pecho, como si su “cofre” se estuviera llenando.
  • Tercero: Miró a sus amigos y sintió unas ganas inmensas de darles un abrazo.

—”¡Tienen razón!”— gritó Mapachito. —”¡Me gusta ser Mapachito!”—

Desde ese día, Mapachito no volvió a esconderse. Se dio cuenta de que, al valorarse, su brillo interno hacía que todos a su alrededor se sintieran más felices también. Y así, entre vuelos de murciélago, trotes de pony y juegos de mapache, comprendieron que el amor siempre empieza por uno mismo.


“Para brillar hacia afuera, primero hay que encender la luz por dentro.”

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